lunes, 16 de julio de 2012

Si ya lo decía mi abuela...

Sabemos que quien mucho abarca poco aprieta.
Ellos dicen: montes y ríos todos son míos; y nosotros que lo que no mata engorda o en su defecto te hace más fuerte.
Lo que no sea de tu agrado, dale vado y no te preocupes, ocúpate.
Lo que no has de comer déjalo crecer, y agua que no has de beber déjala correr.
Por suerte, no hay mal que 100 años dure ni cuerpo que lo resista.
Como sabemos: el hombre propone y Dios dispone, que Dios los cría y ellos se juntan y que la letra con sangre entra.
Cuanto mayor es la subida mayor la descendida, o lo que es lo mismo: cuanto más alto subes mayor es la ostia.
Y diremos: torres más altas han caído; pero ellos siguen a Dios rogando y con el mazo dando.
Así que cada uno cobre según como obre y cada uno en su casa y Dios en la de todos; porque hay quien prefiere el burro grande, ande o no ande.

jueves, 5 de julio de 2012

El traje de Rua Agusta



Salomão era un hombre de tradiciones, de hábitos fijos.
Todas las mañanas se levantaba a las 7:15 y se aseaba mientras repasaba mentalmente las tareas y obligaciones del día.
Como gerente e imagen pública de una importante empresa textil portuguesa, su deber era presentar un aspecto lo más limpio y aseado posible.
Siempre que iba a la oficina o alguna presentación, vestía de traje, generalmente negro y con una corbata anudada con un nudo americano y de colores claros. Coronaba la elegancia con unos gemelos en las muñecas más viejos que él. Quizás tenían más de cincuenta años.
Su pelo castaño iba milimétricamente peinado hacia la derecha disimulando sus pronunciadas entradas. Después de vestirse, bajaba a desayunar a la Confitería Nacional donde tomaba un café solo con medio sobre de azúcar y una delicia de hojaldre y crema que nunca llegaba a terminar.
Siempre pagaba con la cantidad exacta y rara vez añadía algo de propina, a no ser que fuera atendido por Teresa, una camarera joven por la que sentía cierto cariño. Una vez había pagado, cogía el maletín (siempre con la mano derecha) y salía hacia Rua Agusta, en dirección a Praza de Comercio, donde estaba la sede de su empresa en uno de aquellos modernos bajos.
La calle, que conocía en su totalidad, era de las más turísticas de Lisboa por tres simples razones:
Su situación geográfica que unía el centro de la ciudad con el Tajo.
Era peatonal.
Su gran número e terrazas y tiendas.
Generalmente,  Salomão la recorrería en menos de diez minutos y cruzaría la puerta de su oficina a las 8:05. Pero, aquel día, Salomão no estaba allí a las 8:05. Tampoco a las 8:06. Ni si quiera a las 8:30.
No.
Salomão se había parado en Rua Agusta, aquella calle que creía conocer a la perfección. Estaba detenido en frente de un escaparate. Al otro lado, y perfectamente puesto  sobre un maniquí sin cabeza, descansaba un traje negro.
De tres piezas: chaqueta y pantalón de un corte y una elegancia impecable y una camisa blanca brillante. Anudada donde debería estar el cuello, había una corbata verde lisa perfectamente anudada. Al lado de aquel cuerpo de algodón perfectamente vestido, descansaban un par de zapatos también negros de cordones cortos y finos.
Durante más de  media hora, Salomão se quedó allí, congelado, sin apartar la vista de aquel prodigio de la confección. Salomão supo cuando lo vio que si Dios tuviera traje, sería uno idéntico a ese.  Casi sin pestañear, el empresario intentó memorizar cada uno de los detalles de aquel traje y, cuando terminaba, volvía a empezar buscando algún error o imperfección que nunca encontraba.
Salomão llegó más de una hora tarde a su puesto de trabajo, pero nadie reparó en él.
También llego tarde a casa ya que, al volver, se detuvo una vez más a contemplar su nuevo amor.
Durante los días siguientes, Salomão vivía  solo para esa vidriera: se detenía, la miraba con detenimiento,…
Se soñaba envuelto en aquellas telas suaves y pasaba las horas dibujándolo. Hasta olvidaba dejarle propina a Teresa.
Ese tenía que ser su traje.
Así que, una mañana, y como empezaba siendo habitual en su nueva rutina, se detuvo frente al cristal.
No llevaba allí ni diez segundos cuando una voz rota y áspera le sacó de sus trajeados pensamientos:
- Luce bien, ¿verdad?
Salomão se giró y se encontró cara a cara con un vagabundo un poco más mayor que él, barbudo y vestido con girones de ropa. Empujaba un carro de la compra lleno delo que parecían ser bolsas de basura.
- Luce perfecto – dijo Salomão.
- Si – el hombre se separó del carrito y se detuvo junto a Salomão sin dejar de mirar el traje-. Fíjate en el corte, en la línea que baja por el pantalón… ni un ingeniero podría haberlo hecho mejor. Es pura matemática. Y el color… creo que no había visto un negro como este en toda mi vida. He visto manchas de aceite de coches más blancas que esto.
Salomão apenas cambió. Siguió en silencio mirando su promesa.
- Fíjese bien – continuó el recién llegado levantando el brazo derecho y recorriendo una línea invisible que solo él parecía ver-, la chaqueta no desentona, sino que está todo encajado como una única piza. Es un jodido puzle de algodón.
- Sabe mucho de trajes.
El hombre río con una sonora carcajada.
- Amigo, la gente sabe sobre lo que quiere saber. En mi caso, solo le digo lo que tenemos delante tal y como lo veo.
- ¿Ha trabajado en el mundo de la moda?
- Dios me libre. Mi tío era un sastre en mi ciudad, ¿sabe que soy de España?
- No,… No lo parece.
- Han sido muchos años aquí. Pues yo ayudé a mi tío durante años antes de venir aquí con la idea de cambiar el mundo… y ya ve usted: al final es el jodido mundo el que cambia a uno… pero mire el acabado, en los complementos como la corbata y los zapatos. Han sabido acompañar bien esta maravilla, ¿eh?
- Si…
El vagabundo se giró hacia su carrito con intención de irse.
- ¡Debería comprárselo, señor! Esto es una tienda, eso es un escaparate y solo es cuestión de tiempo que alguien más vea en él lo mismo que usted ha visto.
- ¿Alguien como usted?
Una vez más, el hombre río.
- No, señor. Yo solo sé de trajes… ¿Ha oído hablar de Antonio Stradivari?
- ¿El de los violines?
- El de los violines, las violas, las arpas… Si, ese mismo. Dicen que el maestro Stradivarius hizo los mejores y más especiales violines del mundo. Yo no lo sé, no soy músico… Pero, ¿sabe dónde reside el auténtico portento, la auténtica magia? En que Stradivari sabía de violines, pero nunca supo tocarlos. Ni un acorde, ni una nota… Buenas tardes, señor.
Y con aquella reflexión, el vagabundo se fue calle arriba.

Aquella noche, Salomão decidió comprar el traje nada más levantarse.

Al día siguiente, Salomão no entró  al trabajo a las 8:05; ni a las 8:07. Ni si quiera a las 8:42.
Estaba parado en Rua Agusta frente a un escaparate.
Vacío.
Después de una hora de interminable silencio y dolor, decidió encaminarse a la oficina. Cuando se disponía a retomar el paso, tropezó con un saco de basura. Molesto, le propinó una patada y se sorprendió al notar su interior suave.
De un impulso, se agachó y abrió aquel paquete sintiendo que algo estallaba en su pecho. Y allí, descubrió un traje perfectamente doblado de tres piezas: camisa, chaqueta y pantalón. En la misma bolsa, una corbata y el par de zapatos oscuros y, en el interior del zapato derecho, una simple nota:
“ La gente sabe lo que quiere saber.

Stradivarius fue un perfecto violinista.” 

lunes, 2 de julio de 2012

LO QUE MEJOR SÉ HACER.

Dedicar el tiempo a pensarte... 

El amor me parece algo maravilloso y escandaloso... puedo pensar en el amor durante horas sin cansarme: en cuánto quisiera tenerlo, o en cuándo lo tendré... y hoy, ahora, ahora mismo, desde lo conseguido... desde la inocencia y la estupidez, desde las horas muertas amando equivocadamente y desamando lo nunca amado, desde la confusión y la resolución... revivo lo bueno que es: pensar en, amar a, soñar con, vivir en... y comprendo la importancia de los verbos y las preposiciones.
Un día concluí que no volvería a amar igual... en fin, comprendí que esto, en definitiva, es afortunado. Cada persona se merece su forma de ser amada, y hoy sé que mi forma de amarte es pensarte.

Te pienso a momentos, te recuerdo y no me obsesiono. Te miro para recordarte al mismo tiempo que te miro, y crear así, mi propio recuerdo. Te oigo para grabarte en mi memoria, te dejo espacio para sorprenderme con nuevos recuerdos. Te doy la mano y te siento, bien adentro, para no olvidar cómo es tu mano más grande que la mía, más segura que la mía, más precisa que la mía... y desde ese instante, comprender el significado de los posesivos y los adjetivos. Te dedico las palabras, la poesía y las miradas que no eran de nadie, que no eran para nadie... y de esta forma amar las preposiciones y los verbos.

A cada instante pienso que perderte, no debería ser motivo de llanto. Ya perdí otras cosas, otros objetos, otras gentes y lugares, y de todo, de absolutamente todo, se consigue sobrevivir; por esta razón y no por otra, no sufro pensando en perderte, ya no pienso en la pérdida... es algo que inexorablemente llegará si debe, si quiere, si nos lo ganamos, si me lo gano, si me lo merezco... e incluso si no me lo gano, si no me lo merezco, si no he hecho nada malo... y para entonces, sólo odiaré los verbos y las preposiciones, nada más.


Afirmo, con toda seguridad, que no tengo idea de llorarte ni una vez, de dolerte, ni dolernos, ni mucho menos, de romper, romperte, romperme, rompernos... no llevo idea de odiar así, de esta forma, ningún pronombre, ningún verbo...

Te pienso y es lo mejor que sé hacer. Te pienso, te pensé, te pensaba, te había pensado, te estoy pensando y en este mar de formas verbales a las que ahora mismo amo, sin miedo puedo asegurar que ya veremos si te pensaré; y esta es, definitivamente, la demostración de amor más grande que te puedo hacer. 


jueves, 28 de junio de 2012

ESTABA PENSANDO EN ALGO DEMASIADO GRANDE

La decisión tomada es la mejor decisión.
Lo pasado es pasado.
El futuro aún no ha llegado.
El presente importa mucho, pero cuidado que es casi pasado.
El dinero es necesario, pero no lo más importante.
El amor es cambiante y complejo... cuídalo, te será útil. 
El amor no es lo único.
El amor no es sólo A M O R, es otras cosas, otras personas, otros lugares.
La peor decisión es la que no se toma.
Las obsesiones sólo traen obsesiones.
No valorar lo que tienes es perderlo. 
Las quejas porque sí, son las peores.
Sonreír es saludable para los demás y para uno mismo.
No es necesario reír si no nos apetece, puede ser perjudicial.
Decir gracias y perdón en las medidas oportunas, es un arte y una experiencia.
Contemplar, contemplarte, contemplarme... 
Estar quieto es lo mismo que morir.
Estar asustado y quieto es lo mismo que dejarse matar.
No concluir las cosas es un problema; saber cerrar ciclos, asumir los finales. La vida y el teatro tienen tanto en común...
Si algo está mal hecho, está mal hecho. 
Deshacer y volver a hacer a veces es lo mejor.
Decir te quiero es más fácil de lo que parece y más amplio.
El cielo nublado puede traer un día espléndido.
El sol sin duda es un regalo.
Una vez pasadas y vividas ciertas cosas, la verdad es que comprendes que hay cosas tan poco graves...
Pensarte es hermoso, por eso te pienso a menudo.
Hay colores, formas y contornos que se quedan en la retina para ser recordados hermosamente.
Asumir los propios errores, algo maravilloso y a su vez, en estos tiempos, asombroso.
Ya oí decir que el oxígeno es la mejor droga... ¡qué suerte respirar!
También oí decir que no se puede huir de uno mismo, así que lo mejor es aceptarse.
Cambiar, decidir cambiar, es algo positivo; si algo no te gusta, cámbialo, pero de forma sana, por favor, sin autolesionarnos física, psicológica ni moralmente.
Leer poesía es sano para el alma.
La guerra no es algo que se acerque a la lógica.
La maldad y el egoísmo, mejor en otra dimensión.
Nunca me mientas, nunca. Nunca te mentiré, nunca.
Comprender la justa medida, imagino que lleva toda una vida, así que es una asignatura vitalicia. También es vital.
Los besos son grandes regalos.

DE PRINCESAS Y LOBOS. CARTAS DE AMOR.

Princesita de cuento que vives en un castillo de cristal, a la vera de un lago custodiado por un monstruo que sueña con vientos del Oeste y esperanzas del Este...
Princesita de cuento que canta a la luna desde lo más alto de la más oscura torre...
Princesita de cuento que no espera la llegada de ningún hada madrina ni teme a ninguna bruja malvada salvo a sus propios fantasmas...
Simplemente, princesita de cuento....
¿Tienes algún nuevo cuento que contarme? A.

Desde lo más alto de la más alta torre, desde mi torre donde ando cantando a la luna, tengo que decir que aguardo el momento de ver a uno de los lobos escapados del cuento de Caperucita, aburrido de andar con juegos de niños... Tengo ganas de ver a ese Lobo que perseguía alguna que otra estrella por el firmamento Lisboeta, pero que también está un poco cansado de estrellear y no pescar ninguna.
Lobo, ¿tienes hambre? Yo tengo hambre de comerme el mundo, de nadar por tus estrellas, de pisar las piedras de calzada de tu firmamento.
¿Vienes a contarme un cuento y a desenredar estrellas conmigo, y así comernos los malos recuerdos y recordar sólo los bonitos, mi amigo Lobo?
Te quiero. L.

Princesita, iría a contarte todos los cuentos de todos los libros de todos los escritores del mundo. Iría a desenredar una a una todas las estrellas de todas las constelaciones de todo el universo... Algún día, iré a recordarte de tu torre y te prometo comernos los malos recuerdos, recordar los buenos y reescribir nuestro propio cuento. Así algún día, en un futuro, otro lobo tendrá una historia nueva para otra princesita.
YO también. A.

miércoles, 27 de junio de 2012

HOY, SIN SOL

Las ventanas están bajadas porque esta noche ha sido ruidosa... creo que ya no es de noche... 
Tengo ganas de no dormir hoy y a la vez las obligaciones y las devociones me persiguen.
Empieza a clarear pero no quiero irme a dormir... me recuerda a algunos días en Lisboa, cuando no borracha, ni mucho menos, volvía por la Avenida da Liberdade con el sol ya puesto en pie y con muchas fotos em mi mísera cámara a pilas.
Tengo tantas hojas escritas con semillas de poesía, que no sé por dónde empezar a reescribir, reinventar y rectificar. Así que me limito a seguir escribiendo así, sin más, sin ver al sol asomarse; las persianas están bajadas porque hoy hubo ruido en la calle, y yo sin decidirme si voy a tener un día de obligación o devoción.
Las decisiones marcan nuestra vida, esto ya lo aprendí en Lisboa tan bien... la decisión tomada es siempre la correcta -por nuestra salud mental- pero hasta ser tomada, pueden bailar las letras en el cerebro.
Si hoy decido tener un día de devoción, quizá esté creando un precedente o demostrándome a mí misma lo que realmente soy... una no devota de mis obligaciones, y eso duele por algún lado. 
Dejemos tanta responsabilidad. Hoy mi mente anda por la Avenida da Liberdade, y basta.
Tengo tantas estrellas traídas desde Portugal... las cogí del suelo, de las piedras de calzada... 
Esta idea me persigue de una forma singular. No sabría explicar con certeza porque es tan importante para mí, pero sé que de camino a Cais do Sodré, desde la Praça do Camões, hay una calle llena de estrellas. Tantas veces las pisé, tantas... que me traje algunas conmigo. Dejé unas cuantas para mis amigos y conocidos para que las vieran, pero parece que sólo se iluminan de cuando en cuando.
Por la Praça do Rossio me persiguen los fotogramas de mi vida. Yo vivía en Lisboa y no recordaba la saudade... pero ella sí me recuerda a mí, sí.
Hoy no tengo capacidad de decisión, hoy no decidiré nada, hoy seguiré con las persianas echadas y con mis pedazos de papel. Hoy tengo la mente en la Rua Conde Redondo, donde sin yo saberlo, reempecé mi vida. 


LISBOA

Mil kilómetros de nostalgias
me hacen sentir así.
Mil kilómetros de te quieros
y de sueños, hay allí.
Tuve, tendré y tengo
soledad y compañía.
Nada como aquella tierra
en línea recta desde la mía.