miércoles, 27 de junio de 2012

HOY, SIN SOL

Las ventanas están bajadas porque esta noche ha sido ruidosa... creo que ya no es de noche... 
Tengo ganas de no dormir hoy y a la vez las obligaciones y las devociones me persiguen.
Empieza a clarear pero no quiero irme a dormir... me recuerda a algunos días en Lisboa, cuando no borracha, ni mucho menos, volvía por la Avenida da Liberdade con el sol ya puesto en pie y con muchas fotos em mi mísera cámara a pilas.
Tengo tantas hojas escritas con semillas de poesía, que no sé por dónde empezar a reescribir, reinventar y rectificar. Así que me limito a seguir escribiendo así, sin más, sin ver al sol asomarse; las persianas están bajadas porque hoy hubo ruido en la calle, y yo sin decidirme si voy a tener un día de obligación o devoción.
Las decisiones marcan nuestra vida, esto ya lo aprendí en Lisboa tan bien... la decisión tomada es siempre la correcta -por nuestra salud mental- pero hasta ser tomada, pueden bailar las letras en el cerebro.
Si hoy decido tener un día de devoción, quizá esté creando un precedente o demostrándome a mí misma lo que realmente soy... una no devota de mis obligaciones, y eso duele por algún lado. 
Dejemos tanta responsabilidad. Hoy mi mente anda por la Avenida da Liberdade, y basta.
Tengo tantas estrellas traídas desde Portugal... las cogí del suelo, de las piedras de calzada... 
Esta idea me persigue de una forma singular. No sabría explicar con certeza porque es tan importante para mí, pero sé que de camino a Cais do Sodré, desde la Praça do Camões, hay una calle llena de estrellas. Tantas veces las pisé, tantas... que me traje algunas conmigo. Dejé unas cuantas para mis amigos y conocidos para que las vieran, pero parece que sólo se iluminan de cuando en cuando.
Por la Praça do Rossio me persiguen los fotogramas de mi vida. Yo vivía en Lisboa y no recordaba la saudade... pero ella sí me recuerda a mí, sí.
Hoy no tengo capacidad de decisión, hoy no decidiré nada, hoy seguiré con las persianas echadas y con mis pedazos de papel. Hoy tengo la mente en la Rua Conde Redondo, donde sin yo saberlo, reempecé mi vida. 


LISBOA

Mil kilómetros de nostalgias
me hacen sentir así.
Mil kilómetros de te quieros
y de sueños, hay allí.
Tuve, tendré y tengo
soledad y compañía.
Nada como aquella tierra
en línea recta desde la mía.

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